Anécdotas y vivencias de campo (I)
Con el título de post texto nos regala, Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo (Presidente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza), un gran y emocionante momento, como pudo ser estoy seguro, cualquiera de los momento vividos en las Hoces, pero que ésta vez tuvo la genial idea de plasmar en forma de palabras, para nuestro disfrute. Estos son los regalos que Fidel suele mostrarnos, a través de sus ojos y de su corazón nos muestra su hogar, "su refugio".
Antes quiero contaros una anécdota que me pasó la primera vez que visité Asturias y que no os la hubiese puesto si no le hubiese gustado a Fidel:
Una Anécdota en la Reserva Integral de Muniellos
Personalmente me recordó la anécdota de Fidel en el cubil, a esta otra que me ocurrió con la compañía de un amigo en la Reserva Integral de Muniellos, fue mi primer encuentro con un oso. Tendréis que perdonarme si no me expreso con el énfasis que me gustaría para darle el verdadero valor de lo que fue esa experiencia para mi y para mi amigo, pero espero que os entretenga al menos.
Comenzamos teniéndo la idea de ir a Asturias, para subir por primera vez y como no para tener la oportunidad de ver osos. Como el que va a Doñana para ver Linces y tiene esa sensación de que lo va a ver, de que está por ahí cerca. Con esa idea pedí el permiso tres meses antes para poder visitar dicha Reserva y pensaba que porque no, podía ver yo un oso, mi amigo se reía.
Cuando llegamos tarde, ya que veníamos del sur y nunca habíamos estado por allí, en realidad nos perdimos varias veces y llegamos muy tarde, con el debido cabreo. Tan tarde era según el encargado del centro no nos recomendó ninguna ruta de las largas porque no nos iba a dar tiempo a ver nada, estaba ya entrada la tarde, y nos dijo éste que sería mejor hiciéramos la ruta que rodeaba el Centro de Interpretación. Después de dar una pequeña vuelta y dudar unos minutos, pues la tarde apuntaba maneras para no andar mucho, emprendimos la marcha con la idea de volvernos antes de anochecer.
Comenzamos a andar, estuvimos largo tiempo pero no pudimos llegar a los lagos que es donde pretendíamos ir (Inconscientes). La tarde empeoró y comenzó a llover, guardamos la cámara de fotos y de video (que nos habían dejado), pero esa lluvia no impidió que siguiésemos. Nos paramos a comer dentro del Robledal de Robles Carvallos (Quercus robur) y estábamos maravillados por el verde y el agua que no es tan agradecida en el sur. Cuando nos disponíamos a seguir, apretó la lluvia pero como llevábamos chubasqueros que ocultaban todo el material, continuamos aunque ya se estaba poniendo la tarde muy oscura, entonces escuchamos los chasquidos de ramas y el resquebrajar de troncos, que en aquel pequeño valle sonaban con mucha intensidad y de repente un gruñido nos paralizó por completo a ambos.
El ajetreo de ramas y el moverse de arbustos y árboles, continuó y cada vez que escuchaba ese gruñido nos corría un sudor frío por la espalda. Aunque a mi compañero Francisco Cordero, no se si por inconsciente o por desconocimiento, parecía recorrerle otros sentimientos, porque me dijo bajito: "saco la cámara de video y lo grabamos". Sólo con la mirada que le eché para atrás, no tuve que decirle nada más. Con el gesto de la mano, le fui indicando que retrocediéramos lentamente y así hicimos. Por muchas ganas que tuviésemos de ver al oso, el no tenía ninguna ganas de vernos a nosotros. En ese momento, además comenzó a llover intensamente y recordé que justo en la curva que habíamos pasado a unos 80 metros había un pequeño hueco que hacía una piedra plana sobre otras dos y donde podríamos refugiarnos de la que estaba cayendo por ambas partes. Apretados los dos como dos chiquillos y sin dejar de oír a oso, pensaba que si había sido correcta mi elección. Y se me pasó por la cabeza toda clase de ideas, ... que os podréis imaginar. Recuerdo que la lluvia empeoró e intentaba escuchar el sonido de esta al chocar en la roca, mejor que el gruñido del oso que poco a poco se fue desvaneciendo, hasta desaparecer.
Cuando todo pasó y la lluvia se calmó lo suficiente para poder continuar, propuse que volviéramos y no es que me sobraran ganas de continuar, pero el shock fue demasiado espectacular y estábamos en una tierra que no controlaba, un lugar desconocido, y eso ciertamente fue lo que más me descolocó. Porque no supe donde tirar , porque mi amigo quería grabarlo para que nos creyeran y porque yo sabía cosa que mi amigo desconocía por completo. Que un oso correría más que nosotros si quisiera, tanto pendiente arriba como por el río, que trepaba mejor a los robles que nosotros (y que yo no me subía a un árbol desde hacía 15 años), menos mal que recordé aquel pequeño refugio: del que apostillé a Francis veinte minutos antes que "podía ser un refugio perfecto para un pastor o un guarda, y que podíamos utilizar si llovía en demasía".
Cuando regresamos al Centro le comentamos lo ocurrido al encargado del centro y nos dijo que eso no podría ser un oso, que seguramente sería un rebeco. A lo que ya preferí no seguir contándole nuestro pequeño-gran encontronazo con nuestro plantígrado más amenazado.
Al tercer día ya con la duda de que si podía o no ser un oso, y después de contársela a todos los que creíamos que le podía interesar. Conocimos a un hombre en el valle de Saliencia, que era el único que vivía en ese pueblo abandonado. Le decían Manolo "El Cuesta", porque había nacido en una cuesta muy pronunciada, que daba la bienvenida a la entrada del pueblo. Una vez entablamos amistad con aquel buen hombre y después de explicarle que queríamos subir, para fotografiar a los rebecos. Nos dijo que subiéramos que había muchos en aquel lugar, pero que rodeásemos el hayedo que aunque se hacía más largo el trayecto, era mejor para nosotros pues allí había una osa coja con dos oseznos. Y así, hicimos, conforme subíamos mirábamos hacia el hayedo con recelo y de nuevo el mismo grito esta vez desde más lejos y desde el interior del hayedo, nos confirmó que con lo que topamos en Muniellos fue un oso.
Al final, el octavo y último día no nos queríamos ir sin ver un oso y decidimos tirar desde Picos de Europa hasta el pueblo de Proaza, para ver a Paca y Tola, dormimos cerca del recinto donde estaban en semilibertad. En los sacos, esperamos a que parecieran pues sabíamos que estaban dentro pero no estaba garantizada verlas salvo a una hora en que el guarda les llevaba comida. Nos pusimos a dormir en el camino, y nos despertó una de las Osas con un resoplar fuerte, como cuando queremos quitarnos algo de la nariz. No se si para llamar nuestra atención, pero nosotros allí en nuestros sacos y al lado la osa nos miraba, como si se tratara de una conocida más. No se si era Paca o Tola, pero es la Osa que está en la Cabecera de este Blog. Y esa es mi primera Anécdota con osos.
José Manuel Caraballo Martínez
Secretario de la Asociación Medioambiental Onubense, Pangea

Mi amigo Francisco Cordero y yo en el Río Tablizas de la Reserva Integral de Muniellos. Foto: JMCM
Revuyoneros espero que disfruten el texto de Fidel tanto como lo hice yo.

Esta foto me la remitió Fidel cuando le conté mi primer contacto osero, está él con Paca y Tola, oseznos, el autor de la misma es Fco. Javier Martín y la realizó en 09-02-1990.
A continuación os remito tal cual la Anécdota de Fidel:
Una Anécdota en el Refugio de Montejo
Ayer (día 27 de mayo), por la tarde, con cielo nublado y amenaza de tormenta, un enorme buitre negro sobrevoló a gran altura el cañón principal, en el Refugio de las Hoces del Riaza. Dio amplias vueltas remontándose, dominando un escenario todavía salvaje y bello. Lo estuve siguiendo con los prismáticos durante más de ocho minutos, mientras volaban también buitres leonados y vencejos y otras aves. Comenzaba ya la lluvia; y el buitre negro, la rapaz viva más grande (en peso) de Europa (y del mundo, después de los cóndores), se alejó sobre los altos páramos, cuya soledad tanto aprecia esta especie. Resulta asombroso cómo puede volar perfectamente, sin batir sus alas de casi tres metros, en condiciones atmosféricas tan duras; y se diría que disfruta haciéndolo.
Precisamente llevo conmigo el folleto de SEO/BirdLife sobre el buitre negro, nombrado “ave del año” 2010; donde se incluyen entre las amenazas, además del veneno y del hambre y algunas más, “la gestión inadecuada de los montes como la apertura de pistas, cortafuegos, accesos a excursionistas, etc.”
El buitre negro ha intentado criar (sin éxito) al menos tres veces (casi cuatro) en el Refugio o en su entorno; y estos nidos extraordinarios, que llevábamos décadas esperando, son los situados más al norte y más al este en España (prescindiendo de las citas antiguas, cuando la especie estaba mucho más extendida; y sin contar el proyecto de reintroducción en Cataluña, donde este año se ha conseguido el nacimiento del primer pollo).
Después de la referida observación, la lluvia se hizo tan fuerte que tuve que interrumpir el censo (de los pollos de los buitres y otras aves) y buscar refugio en una pequeña cuevecita u oquedad, donde he pasado la noche, junto con mis bártulos. Y donde estoy aún, porque sigue lloviendo bastante; mientras puedo observar con el telescopio un alimoche o buitre blanco, oculto en una lejana cuevecita donde tiene su nido.
Al igual que hice otros años en situaciones parecidas, y recordando al gran naturalista Jesús Garzón Heydt a propósito de su inolvidable artículo “Comentarios desde un refugio” (ADENA 5, 1972, págs. 33-34), escribo en parte para pasar el rato y aprovechar el tiempo de algún modo; y también, por si estas líneas pueden recordar a alguien la fuerza, la dureza y la hermosura de este Refugio de vida salvaje, que ha movido tantas ilusiones y voluntades de hombres que supieron estudiarlo y defenderlo sin dejar en el terreno señales de su paso. Su historia increíble, de casi 36 años, es un ejemplo en muchos otros espacios naturales protegidos. No debería olvidarse; y tampoco a las personas que con su esfuerzo noble y generoso la han hecho posible: desde personas de los pueblos (como el guarda de WWF Jesús Hernando y su padre Hoticiano, entre otros), hasta naturalistas de muy distintos lugares (como por ejemplo el ornitólogo suizo Daniel Magnenat, quien antes de morir nos encargó que continuáramos “amando y protegiendo esta bella región”, “totalmente excepcional, de un valor internacional”; y dejó una ayuda para que pudiera seguir editando las Hojas Informativas sobre el Refugio).
Sigue lloviendo; mientras cantan el pinzón, la oropéndola, y la paloma torcaz. Gritan las chovas, y el cuervo. El lejano alimoche continúa echado, girando la cabeza a derecha e izquierda como siempre. Más lejos aún, enfoco con el telescopio un nido de buitre leonado, donde un adulto protege de la lluvia a un pollito muy pequeño (por fin consigo ver al pollito, que levanta la cabeza); y recuerda lo retrasada que va este año (como media) la reproducción de los buitres (por cuarto año consecutivo, desde que se agudizó el problema del hambre). Veo otros 29 buitres posados, aparte de algunos pollos en sus nidos respectivos; pero muchos nidos están vacíos, como mudos testigos del esplendor aún reciente de esta colonia, que llegó a ser la mayor conocida en Europa y posiblemente en el mundo. Menos mal que el comedero del Refugio (de WWF) y uno o dos más continúan funcionando, en el nordeste segoviano.
La actitud del viejo buitre (el primero citado) me revela que ya no está lloviendo con tanta intensidad como antes. Parece que así es; por lo que debo salir del escondrijo, para continuar con los censos, mientras el vuelo de un cernícalo anuncia una tregua parcial en la lluvia.
Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo
Presidente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza

Foto realizada por Fidel José Fernández y Fernández Arroyp de un buitre leonado sobre los altos páramos del Refugio, el 28 de julio de 2001.
Saludos Revuyoneros a todos
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