Mi Huelva tiene una Ría
El fosfoyeso en un residuo resultante de tratar una roca, la fosforita, con ácido sulfúrico para conseguir fertilizantes agrícolas. La fosforita tiene en su composición metales pesados como arsénico, plomo, mercurio y cadmio que se quedan en esos residuos almacenados en las marismas de Huelva, a las afueras de la ciudad, desde hace más de cuatro décadas.
El responsable del laboratorio, Bruno Chareyon, advirtió de los riesgos que implica la presencia de sustancias cancerígenas como el polonio 210 -sustancia con la que fue envenenado el ex espía ruso Alexander Litvinenko-, el radón 222 o el radio 226. El informe del Criiad será enviado por Greenpeace al Parlamento Europeo, que tramita una queja registrada por esta organización sobre la lamentable situación que atraviesan las marismas.

De momento, la Comisión Europea ha iniciado una investigación. Y la vieja batalla entre ecologistas y las todopoderosas empresas químicas de la ciudad andaluza se ha recrudecido. Sobre todo desde que en el último mapa sobre la incidencia del cáncer en España -elaborado por el Instituto de Salud Carlos III-, Huelva aparece como la ciudad con más casos por habitante -un 10% en los hombres y un 6% en las mujeres-, con una incidencia hasta un 25% superior a la media nacional en los de pulmón. Sin embargo nadie ha establecido todavía la relación causa-efecto entre la contaminación y la enfermedad.
Fuera del vertedero, el aparato marca 0,015 milirems mientras que en el borde de la montaña de residuos sube hasta 0,750. «Esto es unas 60 veces más de lo máximo permitido. Y existen mediciones que duplican esa cantidad. Es una barbaridad. ¿Entiendes ahora porqué hemos venido con estos trajes?», explica el hombre desde el fondo de su máscara.
«Entonces, ¿quién nos dice la verdad?», se quejaba con razón Charo, la presidenta de la Asociación de Masectomizadas Santa Agueda, en un programa de televisión. «La población de Huelva vive en uno de los entornos ambientales más contaminados del mundo. Sus aguas, aire y suelos sobrepasan los niveles máximos de polución recomendados por la Organización Mundial de la Salud», asegura Julio Barea, responsable de la Campaña de Aguas de Greenpeace.
Según los informes de Greenpeace, la concentración media de uranio en el fosfoyeso es cinco veces mayor que la de un suelo no contaminado. Y la de los otros elementos -Radio, Polonio, etc.- puede ser entre 20 y 30 veces superior.

Las empresas Fertiberia -propiedad de Juan Miguel Villar Mir, que a punto estuvo de ser presidente del Real Madrid-, y Foret, han vertido desde 1968 más de 120 millones de toneladas de fosfoyesos en las 1.200 hectáreas de marismas -más que la superficie de la ciudad- que les concedió el gobierno franquista. Desde la primera, y más grande -1.800 empleos directos- se defienden con un arsenal de informes: «Tenemos dos del CSIC, otros tantos de las Universidades de Huelva y Sevilla más uno del Consejo de Seguridad Nuclear, CSN, donde se dice que los niveles de contaminación están por debajo de lo tolerable. Y, que yo sepa, el señor que ha hecho ese informe para Greenpeace no es una eminencia internacional. Entonces, tenemos muy claro a quién hacer caso: los organismos oficiales españoles», afirma Roberto Ibáñez, responsable de la planta de Fertiberia en Huelva.
En cualquier caso, el resultado de estos vertidos, radiactivos o no, es un paisaje lunar que ha acabado con un espacio natural de gran valor ecológico. El impacto paisajístico en los mismos lugares donde Colón emprendió la aventura del nuevo mundo -Palos, Moguer, el Monasterio de la Rábida- es enorme. La pesca y el marisqueo están prohibidos -«Y menos mal, Platero, que con el asco de los ricos, comen los pobres la pesca miserable de hoy...»- y en toda la ciudad huele a cualquier cosa menos a mar. Es probable, según la Sociedad Española de Neumología, que ese aire, con partículas en suspensión cargadas de azufre y óxidos nítricos, sea el causante de que Huelva registre los mayores índices de asma del país.

«El llamado polo químico de Huelva tiene 16 empresas, a cada cual más contaminante. Hay refinerías, centrales térmicas, fábricas de cloro, papeleras, depósitos de gas, ácido sulfúrico... La mayoría se hacina en la Avenida Francisco Montenegro. Donde antes había varios balnearios. Hoy está prohibido el baño», asegura Juan Manuel Buendía, arquitecto y portavoz de la Mesa por la Ría, la plataforma ciudadana creada contra estas empresas.
A pesar de que el Colectivo Ciudadano por la Descontaminación de Huelva ha denunciado una incidencia mayor de esterilidad, abortos, malformaciones de nacimiento y enfermedades endocrinas, ningún organismo sanitario ha realizado un estudio epidemiológico en la ciudad. Tan sólo el endocrino Francisco López Rueda se lanzó a investigar los 725 casos de una enfermedad tiroidea atípica que afectó a la ciudad durante la sequía de 1995. Los resultados indicaron a los PCBs -compuestos organoclorados procedentes de las fábricas- y plaguicidas con altas concentraciones de metales pesados, como los causantes.
Por si fueran pocos los desastres que acechan a la Ría de Huelva, en 1998 se llevaron allí 7.000 toneladas de material contaminado radiactivamente por el accidente de Acerinox, ocurrido aquel año en la Bahía de Algeciras.
Con este panorama, el futuro de la Ría tiene difícil solución. «Si los organismos oficiales dicen que está todo bien nosotros no podemos hacer nada», asegura José Antonio Candela, jefe del Servicio de protección de la Consejería de Medio Ambiente en Huelva. Fertiberia, por su parte, negocia con el Gobierno español -que acaba de ganar un pleito en la Audiencia Nacional- el momento del cierre de sus instalaciones, previsto para 2016. ¿Que pasará entonces con estos residuos?
Puede que los versos de Juan Ramón, donde el Nóbel refleja el estado del río Tinto, ya no tengan arreglo: «Apenas si su agua roja recoge aquí y allá, esta tarde, entre el fango violeta y amarillo, el sol poniente; y por su cauce casi sólo pueden ir barcas de juguete. ¡Que pobreza!»...
Y Digo yo, no podían invertir el dinero de los tres puentes a Punta Umbría en paliar el daño acaecido por las empresas y restaurar la ría de Huelva para los Onubenses.
Dice la canción:
Mi Huelva tiene una ría, con el brillo de plata de las salinas, el color de la luna de madrugá, le fundieron su cara de rosa fina, a la flor que conmigo se va a casar. Y le he puesto a mi barca las velas nuevas, en los remos y cuerdas seda y metal, porque quiero casarme sobre cubierta, y mi novia en persona de calidad.
Mi Huelva tiene una ría, y en ella un barco velero. En el barco la alegría más alegría de la que quiero. Mi Huelva tiene una ría con playas de terciopelo, donde la morena mía moja su mata de pelo.
El regalo de Bodas a su persona, tie que ser de oro y plata, de lo mejor. Diez pulseras, un broche, una corona y un mantón de manila de seda y sol. Porque quiero que venga sobre cubierta, hecha reina gitana de mi querer. Porque to se merece la raza buena, que hizo traerme la gracia de esta mujer.















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nicky-marrero dijo
Hola Revuyon!! Me encanta tu blog, es fantástico. Sigue así.
Un saludo, Mdss
21 Enero 2008 | 11:56 PM