BOSQUES IBÉRICOS: ROBLEDALES IV (ROBLEDALES MARCESCENTES)
QUERCUS PYRENAICA (Roble Melojo)
Salpica gran parte de las regiones españolas por lo que es uno de los árboles que más nombres vernáculos ha recibido: Melojo, Rebollo, Marojo, Tociu (Asturias) y Tocorno (País Vasco). El sistema radical consta de una potente raíz principal, de la que salen, numerosas raíces laterales de crecimiento próximo a la superficie del suelo. De tales estolones surgen brotes aéreos de desigual desarrollo.
Las hojas, al nacer, son de color carmesí y se ven recubiertas de un denso tomento por ambas caras. Al enverdecer se pierde la pilosidad del haz, pero no así la del envés, quedando numerosos pelos estrellados repartidos entre los prominentes nervios. Caducas casi o completamente en los individuos maduros, persisten marchitas en los jóvenes o chirpiales. La marcescencia se halla en función de los régimen de vientos.
Su distribución radica en el suroeste de Francia, la Península ibérica y norte de Marruecos. El área peninsular se inscribe principalmente en el cuadrante submediterraneo noroccidental (Arco hercínico, sur de la cordillera Cantábrica y Sistema Ibérico norte). Más al sur hay manchas salpicadas por los terrenos ácidos y neutros de las Béticas y, en la mitad oriental, sólo algunas localidades por el Ibérico sur y una presencia aislada al sur de Cataluña.
Las altitudes medias de los melojares están entre los 400 y los 1600m. En el Norte se da en la misma costa, pero conforme bajamos al Sur ha de ir subiendo en busca de lluvias suficientes comprendidas entre los 650 y 1200mm anuales estacionalmente bien repartidas.
El melojo es un excelente creador de suelos de tierra parda (cambisol húmico). Como gran movilizador de bases, bombea sales del subsuelo y consigue horizontes superficiales con una acidez prácticamente nula. En laderas y pendientes escarpadas se comporta como un gran fijador de suelos, gracias a su entramado radical superficial, motivo por lo que a veces se le ha respetado como medida de prevención ante la erosión.
• Estructura y composición florística:
Uno de los aspectos más típicos es el de un entramado de sierpes y rebrotes de cepa, casi monoespecífico, donde ocupa los estratos arbustivos y arbóreo. Recuerda la estructura del bosque eurosiberiano. De un dosel arbóreo tupido y pobre en especies, se pasa a un estrato herbáceo casi sin solución de continuidad.
Los arbustos y matas suelen ser escasos, salvo en huecos producidos por la muerte de algún ejemplar o por el aclarado tras la intervención forestal o agraria.
El estrato arbóreo (12-15m y 80-100% cobertura): el melojo es la única fanerógama, aunque pueden intercalarse salpicados el Acebo, Cerezo silvestre, el Arraclán o diversos pinos.
Estratos manofanerofítico y arbustivo (1-3m y cobertura de 10-40%): Majuelo, Retama negra, Retama blanca, Avellano, Brezo blanco y diversas rosáceas espinosas sobre todo en la orla del bosque. Estrato herbáceo y muscinal (5-60cm.): Arenaria montana, Luzula sp. , Festuca rubra. El helecho común es muy abundante cuando se abren claros.
Estrato lianoide y epifítico: Hiedra, Nueza negra y Madreselva son las trepadoras más frecuentes. Los epífitos más representativos siempre en el tramo basal de los tronco son Musgos y Líquenes.
Fuentes:
GÓMEZ MANZANEQUE, FERNANDO. Los Bosques Ibéricos: Una Interpretación Geobotánica. Ed: Planeta.














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