Gregorio el Serenito "El Último Bolichero"
Recuerdo a Gregorio, « El Serenito », que en el año 1998 todavía hacía los últimos boliches de carbón por el antiguo “Camino del cementerio”, en la zona donde se realizó por primera vez la romería de la Santa Cruz, que por esas fechas aún quedaba en pie parte de la pequeña capillita blanca. Aunque casi todos los boliches se hacían en “La Peguera”. Optó Gregorio por esta zona ya que quedaba cerca de su casa y andaba ya mayor el hombre.
Estuve visitándole y sacando fotos bastantes días. Mientras él, realizaba la labor de « bolichero » e iba explicándome minuciosamente como había que empezar a hacer “el boliche”, como se colocaba la madera.
Era esta una tarea lenta que llevab el colocar pacientemente tronquitos alrededor de uno principal que daba el centro geométrico al boliche. Y utilizando madera de pino piñonero (Pinus pinea) para tal labor (Otros combustibles eran el brezo (Erica australis) y la jara pringosa (Cistus ladanifer)). Entrelazaba palos rectos, que una vez terminado el boliche y cubierto de arena, eran retirados para hacer los “agujeros”, “respiraderos” o “el tiro”. Esto lo hacía tumbando una escalera que el mismo construyó. La dejaba caer encima del boliche, retiraba los palos y así avivaba el boliche ya encendido, con el consiguiente riesgo.

Tenía Gregorio un pequeño burro que le ayudaba con la carga, un carrillo y pala para trasportar la arena y una caseta hecha por él, de chapa, donde preparaba el café.
Ya prendido el primer boliche comenzó con el segundo, pues tenía la intención de hacer tres. Rezando para que no lloviese, un día me lo encontré de luto y trabajando, pues su mujer había fallecido. Ya más desanimado me comentó que estos eran los últimos boliches que haría. Y que si quería aprender más, que sus hijos seguirían haciéndolos en la zona de “Malpica”.
Haciéndole entender que me bastaba con lo que pudiera aprender de él, continué con mis visitas después del Instituto para ver como seguía el proceso y distraerlo un poco, aunque el trabajo lo distraía mejor que yo. Había retirado ya la arena del primero, para empezar con el segundo y a construir un tercero (más pequeño).
Realizaba la «saca» del carbón y lo expandía en una zona preparada por él y limpia. Y utilizaba una «zaranda» para cribar los trozos más grandes y llenar los sacos. Pude contar después de muchas semanas que el premio a tan ardua labor en un solo boliche era de unos 70 sacos de carbón.

- Caraballo Martínez, J. M. Notas sobre Aprovechamientos y Recursos de mi pueblo . Inédito. 1998











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forestman dijo
Excelente documento etnográfico :-)
19 Septiembre 2007 | 08:27 PM